|
¡Hola! Ayer, no sé por qué, me apeteció volar más alto que otras veces. Subí, subí, subí y, de repente, me encontré frente a un vehículo muy extraño: no podía ser un avión, no tenía alas; no podía ser un helicóptero, no tenía hélices; tampoco podía ser un globo aerostático, no llevaba cesta; y tampoco era ni un tren, ni un camión, ni un coche, porque volaba… Me acerqué con algo de miedo, a vosotros os lo puedo confesar, y de pronto asomó una cabecita de una de sus ventanas. Era un personaje muy curioso, azul, como yo. Parecía un niño, pero tenía unas antenas muy raras. Con un gesto muy divertido y unas palabras amables, que no entendí, me invitó a subir a su vehículo. Yo le dije mi nombre, Leo , y él me dijo el suyo, Pupi . Poco a poco fui entendiendo su lenguaje y entonces me fue contando cosas de su vida, de su mundo: era un extraterrestre y su nave era un platillo volante. Se interesó también mucho por mi mundo, por mi misión -ya sabéis, acercar la lectura a los niños de la Tierra- y después de hablarle de los niños, de los libros, de las historias que hay en ellos me dijo que le apetecía ver todo eso más de cerca. Así que no lo dudé, le invité a venir con nosotros. Y, como quedaba poco para el día de mi gran fiesta, el Día del Libro, le propuse que me acompañara ese día y que le presentaría a un montón de niños y niñas. Pero claro... no íbamos a caber todos en mi casa, en la librería. “Podríamos pasar juntos esa tarde en mi barrio de Chamberí, en mi plaza favorita”, pensé en voz alta. Me pidió que la describiera y le hablé del templete, de los bancos al sol, de la fuente, de los árboles, del parque infantil, de los bonitos edificios que la rodeaba. Es la más bonita que he conocido, le dije. Se llama |
|||||||||||||
|
Cuando me dijo que le parecía una idea genial, me di cuenta de que era imposible, podría ser un lío tremendo, no podíamos usar un sitio público para una fiesta nuestra. Se lo dije así, puso cara de gran decepción y seguimos hablando de otras cosas. Ya de vuelta en casa, a la mañana siguiente, me desperté con una ilusión tremenda. Y pensé |
|||||||||||||
|
Se lo propuse a José y a Pilar y ellos me dijeron lo mismo que yo había pensado: “No podemos usar un sitio público así como así”. Entonces les recordé aquello de poner ilusión y esfuerzo . “Podríais pedirla prestada”, les dije. Me miraron con una sonrisa y dijeron: “¡Vamos a intentarlo!”. Aquí me tenéis, preparando la fiesta. Lo intentaron y les dijeron que sí, claro, que por los niños y por los libros podíamos usarla esa tarde. Hicieron posible nuestro sueño. |
|||||||||||||
|
Vendrán niños y niñas de todo Madrid. Bailaremos, jugaremos, y sabremos muchas cosas de Pupi y de sus libros, porque también estará María, que ha escrito sus aventuras. Y es que, amigos y amigas, los libros no solo nos permiten soñar, nos abren las puertas, nos unen, nos hacen fuertes. Nunca lo olvidéis. Os espero allí. Un besito dragoniano de |
|||||||||||||